domingo 12 de octubre de 2008

Vuela mariposa porque te vi

Paolo Sosa
Juan Pablo Tejada

El auditorio lleno, todo el mundo coreaba al unísono “olé, olé, olé, olé, Fito, Fito!”. La luz enfoca un genial Fito Páez enternado y juvenil en sus cuarenta y tantos años. Al cabo de unos segundos el piano empieza a armonizar la noche y la gente entra en un éxtasis que lleva al borde del llanto alegre a muchos. Se escucha la voz de Páez cantando “La sabiduría llega cuando no nos sirve para nada” y los gritos no se hacen esperar. Suenan las canciones del disco “Rodolfo”, el último en estudio, y muchos de los clásicos del enreverado músico de Rosario, le canta a Sofi, a Thelma y Lois, a la vida y a una puta ciudad que puede ser esta o cualquiera –y él está más loco que ayer- , un sucio boulevard al estilo de Reed. El público corea las canciones y grita cada vez que hace referencias a esta ciudad extrañamente hermosa. Le saca el jugo al precioso piano de cola mientras aprovecha la garganta de los que nos dimos cita para verlo. Se arrepiente, se alimenta de la juventud, agradece, recuerda mil cosas y sabe hacer vibrar cada nota en cada corazón. Se va.
Regresa y a capela nos dice que no todo está perdido mientras ofrezcamos nuestros corazones en esta vida que a veces es perra y a veces tiene nombre de mujer, otras simplemente el nombre que se le de. Hace rodar la vida, da y sigue dando para que nunca se nos olvide que el amor de los niños es puro y puede más que el Olimpo. Enloquece, enloquecemos, Spinetta, Lito Nevia y Charly García, cómo él van al lado del camino: es más entretenido y más barato. Un recuerdo desde el Africa y los Beatles; la Gibson Les Paul y todos nos fuimos de casa para tocar rock ‘n roll. Y sin querer la noche se hace larga, no buscaba a nadie y simplemente la vio, su fascinación –una vez más- por el Perú y la música que no conoce de nacionalidades. El público sigue explotando la garganta y gritan, gritamos, aplaudimos y somos una familia –aunque sea solo ese momento- puchos van, puchos vienen y la noche va haciendo lo que tiene que hacer. La mariposa que vuela, por la ciudad y se va, pero algo suyo siempre quedará. Y se va. Y muchos de los presentes se van también.

Se fue, pero deja esperanza, esperanza que grita, que clama por Fito. Que otra vez “olé, olé!” Esperanza que las luces apagadas no matan. Esperanza vive un minuto, dos, tres, diez, quince, casi veinte. Y quedamos no pocos, pero tampoco bastantes. Y se sigue escuchando a los casi ilusos clamar por más, aunque las luces nos seguían diciendo: “Ya fue” y muchos otros les hacían caso. Casi les hacemos caso, la esperanza empezó a flaquear, y por un segundo se nos pasó por la mente que ya hora de volver a casa, para tocar rock ‘n roll. De pronto sombras en el escenario, ninguno es Fito. Alguien murmura “Solo lo ha hecho una vez, ya no sale” Los minutos son horas, y las horas joden. Pero de pronto son otra vez minutos y la gente grita, llora: Fito Páez ha vuelto. Saltamos las barreras de los precios, del dinero, de esta puta ciudad y ocupamos sitios de aquellos que pagaron más pero perdieron las esperanzas. Los pobres corazones se juntan cerca al escenario, en un concierto que ya no es el que ha acabado, es uno nuevo, más intimo: más entretenido y más barato. El piano retuerce las almas de alegría, que casi lloran. Carajo, Fito ha vuelto, por tres canciones que son la vida. Y pide alegría para su corazón, pero ya nos ha dado demasiada, aconseja cual maestro, que a veces es mejor echar un cable a tierra. Una canción más. Y ahora si se despide, entre la adrenalina de los que quedaron, de aquellos “ilusos” que le dieron su corazón. Ahora si, luego de una justa noche. Fito Páez, te vi, no buscábamos a nadie y te vimos.

3 comentarios:

Carlos Llosa dijo...

csm no me quedé hasta el final :(

K-ren E.I. dijo...

puedo sentir esa esperanza U.U
ke feeeling por dios!!

se pasò Fito, ke maestro! xD!

Ana Patricia dijo...

lucky bastards!